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No estaba muerto estaba de parranda

No estaba muerto estaba de parranda

Una vez que el Asesino que había intentando matarme abandonó el establecimiento donde me encontraba, solo pude alcanzar a decir a Robert con un hilo de voz que me inyectase el antídoto contra aquella mierda de veneno de abeja africana que aquel tipejo me había inoculado. Por suerte la ampolla con el antídoto que siempre llevaba conmigo no se había roto al caerme al suelo. Esta vez había estado cerca de encontrarme con la parca.

Ingrese en un monasterio cisterciense para desaparecer de la circulación una temporada y empecé a tramar mi venganza. Era la hora de acabar con todos mis enemigos de una vez y para siempre pero, primero, debía saber quienes eran y, después, encontrarlos. Durante mi estancia en el aquel lugar, mi testaferro Ana (también conocida por Anita Dinamita, una rubia despampanante que estaba locamente enamorada de mi) contactó con mi banco en Suiza consiguiendo la pasta suficiente para untar a varios médicos y funcionarios que me declararon oficialmente muerto, también aproveche para hacerme unos pequeños retoques en la papada colgandera y con unos nuevos documentos de identificación que habían pertenecido a un monje con voto de silencio que había estirado la pata en extrañas circunstancias. Juro solemnemente que no tuve nada que ver con su muerte.

Atando cabos hice y deshice unos cuantos nudos hasta llegar a la conclusión de que el llamado Asesino no era más que un intermediario, ¿quién había querido acabar con mi vida realmente?. Solo había un candidato posible, en este caso candidata: la pérfida Henar. No se porque le sentó tan mal que hubiese liquidado a aquella mosca cojonera, a aquel bulto sospechoso llamado Antonio que se había interpuesto en nuestra relación. Ella era, sin duda alguna, la responsable de mi fallido asesinato.

Pero ¿cómo podía encontrar a Henar después de todo aquello?, había abandonado el trabajo que utilizaba como tapadera y desaparecido del mapa. Y lo había hecho bien la pequeña cabrona, no en vano en una época habíamos sido socios en el negocio del crimen. En el mercado negro compré a precio de oro un teléfono móvil y varias tarjetas prepago sin registrar y empecé a tirar de contactos. Mi primera llamada fue a Alan (su nombre en clave era Oscar y era quiropráctico de profesión, aunque en ocasiones se hacia pasar por psiquiatra), un tipo que conocía a gente en las altas esferas y que me debía un favor. Alan hizo algunas llamadas para intentar localizarla en las bases de datos policiales, era de suponer que dada su extrema peligrosidad los Cuerpos de Seguridad la tendrían controlada.

Mi contacto me proporciono algunos datos de interés, pero la ratita se movía constantemente. Mi sed de venganza era insaciable y no me quedó más remedio que recurrir a la última persona a la que quisiera haberlo hecho: a mi archienemigo, a aquel al que duele nombrar como le llamaba ella, o al hombre que amaba los dosieres como le llamaba yo, al innombrable, a lottar, ¡ayyy, como me duele nombrarlo!. Sabía que él, ayudado de su fiel Mary Boom, era el único que tendría un informe completo sobre el enigma en que se había convertido mi antigua compañera de correrías. Y, en efecto, tenía un dossier completo sobre ella. Como pago me pidió una furgoneta nueva de paquete. Después de entregársela, en uno de sus habituales ensimismamientos con Osa me las arreglé para desconectar los frenos. Después de todo, seguía siendo mi archienemigo y una cosa no quita la otra.

Una vez con el dossier en mi poder me enteré de que Henar estaba trabajando como teleoperadora en una línea caliente y que con su melosa voz arruinaba a todos los salidos que caían en sus redes. A pesar de contar con una nueva identidad preferí no arriesgarme, Anita Dinamita ya estaba “quemada” tras su viaje a Suiza y contacté a Amalaidea y Martes de cuento, dos sujetos de cuidado que aceptaron a cambio de que les diera clases de macramé, arte que había aprendido mientras ataba cabos, para que consiguiesen de forma discreta un coche y me llevasen al lugar indicado en el dossier del innombrable, llamé también a mi fiel Pincher, un experto cantante, actor y rastreador que estaba de misión en casa de Sensi (alias Izaskun), y que entre nosotros llamábamos “Mortadelo” por su habilidad para el disfraz.

Mientras Amalaidea y Martes de cuento vigilaban los alrededores y Pincher se contentaba con oler culos y marcar el territorio, me puse una peluca de Natalia y me colé en el cuchitril en que se escondía mi antigua socia. Tuve suerte de nuevo, estaba dormida. Sobre la mesita de noche solo había un paquete de Celtas sin filtro y una botella de ron casi vacía (pasaré por alto sus ronquidos de camionera). Era evidente que le gustaba beber a morro y, por su aliento, en cantidad.

Antes de que se hubiera dado cuenta la tenía inmovilizada de pies y manos con la cinta americana. Empecé a practicarle mi tortura favorita y que sabía que era su punto débil: las cosquillas sobaqueras mientras le hablaba con ese acento asturiano que a ella tanto le gustaba, ¡como se reía la condenada!, reía y reía y volvía a reír. Rio hasta tal punto que en un ataque de risa le dio un jamacuco y se me quedo entre los brazos como un pajarito. ¡Qué guapa estaba la jodía y qué bien le sentaba aquel pijama de franela, pues ya empezaba a refrescar por las noches, con calaveras!.

Pero, ¿qué había sido toda aquella puta locura?, ¿qué acababa de hacer?, mi Henar, la única persona por la que había sentido lo más parecido al amor que un tipo como yo puede sentir, había muerto de un ataque de risa. Yo no quería aquello, así no. Cerré sus preciosos ojos que parecían mirarme con asombro. Saque la pistola, la apoye suavemente en su cuerpo aún caliente y le descerrajé un tiro para asegurarme de que estaba muerta. Mientras la pistola humeaba salí de allí dando un portazo y cantando una de mis canciones favoritas. Había llevado a cabo mi venganza.

Peret – El Muerto Vivo ft. Marina “Ojos De Brujo”

PD. Aquel al que llamaban el Asesino no era más que un principiante con ínfulas llamado Rufino que murió de una cagalera galopante tras darse un atracón de langostinos en mal estado. Una verdadera lástima, hubiera querido “felicitarle” por obviar la primera regla de todo asesino que se precie: cuando quieras matar a alguien asegúrate de que lo matas realmente.

Orígenes de este relato:
Henar de Andrés – Vidas entrelazadas
Antonio Caro – El contrato

86 Comentarios »

  1. Tiene un comentario desde el más allá:

    Que sepas que yo no pedí que te mataran, pero, claro, ahora no tiene solución. Si me hubieras preguntado antes de empezar con la tortura, te hubiera dicho que un cliente descontento nos estaba buscando a los dos. No te guardo rencor, por eso te aviso. Voy a ver si encuentro a Antonio entre la niebla. Te esperamos.

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  2. Tubo que ser duro para ti, pedir ayuda al innombrable, claro que el precio que pagó fue alto.
    Morir de risa , no es una mala manera de morir, y en pijana!!. Ya sabes que las chicas somos un poquito coquetas, deberias haberla dejado vestirse para la ocasión.
    Visto lo visto, espero que os hayais llabado movil u ordenador. A parti de ahora nos comunicaremos en otra dimensión. 🙂

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  3. ¡Te odio, maldito Chus! Me engañaste miserablemente, te conduje allí porque me dijiste que querías alguna prenda interior de Henar y te aprovechaste de mi inocencia para acabar con ella.
    ¡Además en aquel tugurio oscuro y fétido!
    Mi querida Henar, con la que tan bien me llevaba, mi amiga, mi hermana más bien.
    ¡Te odio, te odio y te odiaré eternamente!

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  4. Es el colmo de la maldad matar a alguien haciéndole cosquillas en el sobaco, aunque se trate de la pérfida Henar, aunque sea roninómana y aunque le dé a los celtas.
    Asumo mi parte de culpabilidad por haberte ayudado en esto, y recuerda que tú, más que nadie, deberías tener muy presente aquello de “ojo por ojo…”

    ****
    P.D. El detalle de Mortadelo y sus trajes y la peluca hace que te perdone un poco tu mal acción 😀 😀 😀 😀 😀

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  5. Bichejo, no pareces tener fin cabronazo insolente… Menos mal que me quedaba el freno de mano…

    Pero tranquilo, enemigos y socios se pueden encontrar, pero archienemigos sólo hay uno y yo no te pienso olvidar, porque todo asesino, truhan o desalmado con tú que se precie, necesita su archienemigo y mejor si es innombrable.
    Cargarte a doña Micifuz… Eres osado… Venga ese desabrazo con ganas!
    Pero aviso, tarde o temprano he de contar la verdad, pues mi relato es el único que falta… y habrá sorpresas, gratas!
    Antonio, Henar, descansad en paz, al menos hasta que amanezca, que amanecerá.
    Las cosas, no suelen ser lo que parecen…

    Pdta. Tranquila amalaidea, aquí no se ha “perdido” nadie, pues quien muere, en esta farsa bien urdida, bien puede resucitar… Y debe.

    No os olvido…

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          • Voy despacio porque tengo prisa, el tiempo pasa… lo oyes?… Tic tac, tic tac…Lo de archienemigo es mutuo, lo sabes, somos lo que somos porque tú eres lo que eres y yo soy lo que soy… Un acertijo? Puede, pero con tanto desabracito, por mucho que corra el aire, esto va a parecer lo que no es. La furgoneta que me diste a cambio del dossier de la bruja está en garantía, quiero otra con los frenos en condiciones y esta vez sin trucos.

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          • No me toques las narices, en el concesionario van a ver que una mano pérfida ha manipulado los frenos con aviesas intenciones, la garra malhechora de un bichejo bastante más innombrable que yo. Eso por no contar con el susto que se llevó la pobre Osha (con H joder) y que la tiene en un estado de crispación que también deberás tú asumir con la correspondiente factura de los gastos del psicólogo de gatos que he contratado. Carito te va a salir al final el dossier de doña Micifuz…

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          • Si no fuéramos archienemigos me lo tomaría a risa, pero qué imagen daríamos entonces? No tengo que darle a Osha recuerdos de ti, la visión de tu ojo ya la recuerda ella solita.
            Ah! Y la furgoneta que sea de mayor cilindrada esta vez, y con cassette de el de toda la vida, nada de mariconadas de cd’s , y ya puestos quiero una colección entera del Fary y otra de los Rolling’s… O esto o canto tus fechorías! Tú verás…

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          • Bueno, pues al menos un recopilatorio del Fary que incluya el “torito bravo” cantado a pachas con los Rolling’s, en tu amplia colección de músicas que sólo conoces tú seguro que lo encontrarás. Ah! Y dedicado, ponme … “Con cariño y desabrazos al innombrable, archienemigo cojonudo” Y para Osha una merluza, pero de esas de pincho, vasca a poder ser, y fresca, eso sí, no me vayas a ir al “carrefull”.

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