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Historias de la mili (I parte) – Día de la Ascensión

Historias de la mili (I parte)

Pues si señoras y señores, yo hice el servicio militar o “mili”. Que levanten la mano todos aquellos que me leen y la hayan hecho, seguro que no son muchos.

La primera historia que me viene a la cabeza es una relacionada con el día de la Ascensión, las celebraciones religiosas no se como van pero parece que se celebra este domingo, o eso creo, el caso es que coincide con una feria que se celebra en la ciudad en que vivo llamada “La Ascensión”, la feria no la ciudad. En realidad supongo que es la feria la que se hace coincidir con esa celebración.

Puestos ya en antecedentes, sabed que después del periodo de instrucción y pasadas los pertinentes exámenes me toco hacer la mili de conductor de todo lo que ponían en mis manos, además del camión que tenía asignado “en propiedad” un Avia que se caía de viejo, como casi todos por otra parte.

Un viernes tal y como hoy en que me las prometía muy felices porque pensaba librar el fin de semana, había vuelto ese mismo día de unas maniobras de cinco días y cortejaba (en mi época se decía así) a una moza, cual no sería mi rebote cuando al nombrar las guardias oigo que ese fin de semana me tocaba guardia en el Cuerpo Médico como conductor. Proteste por el conducto reglamentario, e sea, que me fui directamente a por el teniente de la compañía pasando de cabos, sargentos y demás rangos, había cierta confianza yo era un “veterano”, y le solté “mi teniente no me haga esta faena que acabo de llegar de maniobras”. El teniente, que era el mas cabrón que había por los alrededores, por lo menos de los que yo conocía, me dijo que ya no se podía arreglar porque ya estaban hechos los cuadrantes y no se que historias más, pero que me daría un permiso más adelante (como así fue). Con la perspectiva que da el tiempo comprendo ahora que el teniente no era un cabrón sino que cumplía su trabajo de forma estricta y profesional (¿sería Capricornio como yo? 🙂 ?

En realidad la guardia no era mala, solo tenia que estar allí el fin de semana sin hacer nada viendo la tele, hablando con los colegas y durmiendo toda la noche a pierna suelta, a no ser que se presentará algún caso en que tuviera que coger (agarrar para los del otro lado del charco) la ambulancia militar. El resto del viernes y el sábado fueron tranquilos, pero el domingo por la mañana llega directamente a la enfermería un chaval que, por lo visto, había tenido un accidente de moto el viernes o el sábado, lo escayolaron, le dieron el alta y no se le ocurrió otra cosa que presentarse en el cuartel para que no le cayera un un paquete. El chaval era para verlo, lo habían escayolado como en las películas, con los brazos de tal forma que casi parecía que estaba todavía conduciendo la moto (imaginaos las risas disimuladas por detrás).

Total, que el médico de guardia, que era un médico de mi mismo reemplazo (había pedido prórrogas hasta acabar la carrera) ¿quien iba a hacer guardia un fin de semana de fiesta?… ¿un capitán? decide que hay que llevarle a un hospital a hacerle radiografías (o sea ir a la capital). ¡En mi interior vi el cielo abierto!.
El cabo de guardia que también era compañero de reemplazo, de mi misma Compañía y amigo (parece que aquel fin de semana los dioses se habían confabulado para que todos los interesados fuéramos del mismo reemplazo y Compañía) y servidor llevamos al hospital correspondiente (con concierto de sirenas incluido más para saber como sonaban que por otra cosa 🙂 ) al chaval, cumplida nuestra misión yo le pregunto “¿duelte algo?” “no, toi bien” contesta, para los que no sepan idiomas “¿te duele algo?”, “no, estoy bien”.

Con la conciencia tranquila :), pongo en práctica el plan. Le digo a mi compañero, el cabo amigo, “que te paez si paro un momento en tal sitio pa ver a la moza” (“que te parece si paro en tal sitio para ver a la novia”) “por mi sin problemas”, ya se sabe hoy por ti, mañana por mi, o “quid pro quo” que diría Hannibal Lecter.
Dicho y hecho. Llegamos a la calle donde vivía la moza, que era cerca de donde se celebraba la feria, aparco la ambulancia encima de la acera (para eso era una ambulancia y, además, militar) y subo a verla dejando al compañero con el accidentado. Coincide que se estaba preparando para salir a tomar el vermut. Ni cortos ni perezosos bajamos los dos, recordad yo vestido de militar, y le digo al compañero que vengo en un momento, “tranqui, aquí me quedo” me dice. Nos vamos los dos a un bar de la feria y nos tomamos tranquilamente algo. Todo esto con el agravante que muy cerca había una residencia de militares (por ejemplo allí vivía un brigada de mi Compañía), por suerte o nadie me vio o si lo hizo le dio igual.

Resumiendo que llegamos al cuartel justo a la hora en que daban la comida, ni el médico preguntó nada ni el chaval abrió la boca, de hecho no le volví a ver en el resto de mili, y aquí paz y después gloria.

Si nos llegan a pillar todavía estaríamos los dos haciendo la mili 🙂

¿Juventud, divino tesoro? ¿tiran más dos tetas que dos carretas? ¿de vez en cuando soy muuu tonto, como ya reconocí alguna vez? 🙂

A esta serie de entradas, relacionadas con la mili y otras cosas, que hoy inauguro se les podría subtitular también “El abuelo cebolleta se pone nostálgico” y derivan de un comentario que deje en el blog de un compañero bloguero, salvela. Son anécdotas que vienen a mi mente sin orden ni concierto y todas son ciertas.

Postdata.

El xilecu de fierru (La chaqueta metálica)

8 Comentarios »

      • No, de nada, por error, “tu a automóviles”, “pero no tengo carnet”, “da igual, aquí pone automóviles y a automóviles vas”.

        al final de gasolinero primero y furriel después, bueno, aprendí a conducir, eso ya es algo que saqué de la mili.

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        • jeje, cierto, era así. Yo el de conducir ya lo tenía y allí saque todos los demás… aunque nunca los utilice los sigo renovando que nunca se sabe. Eso del furriel me recuerda otra anécdota que algún día contaré.

          ¿No me digas que eras cabo? toda una autoridad 😀

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          • No qué va, era el único soldado de primera del cuartel, el cabo debía de cobrar demasiado 😀

            No, la cosa era, por lo que recuerdo, que los cabos solo podían ser de los que iban voluntarios, que se tiraban tres años de mili y eso, pero es que hace tanto tiempo que ni me acuerdo.

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          • En mi cuartel podía serlo cualquiera de entre los que seleccionaran que pasara el examen (recuerdo haber hecho un examen pero como nadie dijo para que era lo puse todo al revés para ver si tenía suerte y me echaban, pero ni por esas 🙂 ). En cambio no me acuerdo de los soldados de primera. Lo que si habían eran cabos primera que esos me parece que eran los que se reeganchaban.

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  1. 😀 😀 Ayyy, ahora estoy enganchadísima con esto de las anécdotas (no sos tan grande como para que sean del abuelo cebolleta), las esperaré como a un capítulo de la novela de la tarde (¡mujer tenías que ser!). Gracias por el detalle de las traducciones. Ya se sabe que los giros idiomáticos (nuestro “agarrar” por vuestro cog**) pueden causar malas interpretaciones. Me reí a mandíbula batiente, Capricornio.

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